AMARGOS RECUERDOS

Acabo de volver a mi dulce hogar, donde me siento en un cálido butacón entre 4 paredes de colores claros, llenas de recuerdos, que a su vez está iluminada por una ventana grande para las proporciones de la habitación pero, que adoraba por toda la luz que entraba por ahí cuando el cálido sol ilumina nuestras vidas, hasta que mi madre las tuvo que cubrir por que descubrió que mis vecinos les gustaba presenciar mis cambios de vestuario en la oscuridad de sus cuatro paredes enfrentadas a mis cuatro iluminadas paredes.

Aquí es el único lugar donde me siento segura y protegida. Ahora mismo estoy saliendo de un ataque de nervios al haber estado retenida una hora y media en el infierno de mi niñez al sol, que es lo único que me agrada de ese lugar, aunque esta vez mi mirada estaba orientada a un enorme árbol que hay detrás de los oscuros invernaderos familiares. Ese árbol tiene que tener más secretos y calamidades que cualquiera de nosotros al menos mías tiene bastantes.

Observar ese árbol durante esa larga y tortuosa hora y media de retención me ha hecho recordar como mi primo, al cual hecho de menos aunque sé que no ha acabado mucho mejor que yo, me contaba fabulosas historias de los encuentros amorosos de su hermana mayor allí y como pasábamos horas y horas fantaseando con ser mayores, tener nuestras propias relaciones y vivir la vida en general. Algo me dice que a los dos nos ha decepcionada por igual el amor, quizá es muy temprano para nosotros o quizá alguien a quien no se le enseñó a amar nunca podrá amar como se debe.

También me hace recordar uno de los peores días de mi niñez. Era verano quizá de 2013, hacía calor pero al igual que hoy prefería no permanecer más tiempo que el necesario dentro del edifico familiar, prefería perderme entre la maleza, con los bichos y lo que la naturaleza me quisiese enseñar. Me encontré una especie de nido donde parecía que habitaba algún tipo de ser maligno que de día prefería no ser visto, así que decidí ocupar su lugar de día en esa zona tan oculta y apartada de la realidad con mis libros y mis lápices. Pero un día al ser llevada al infierno diario de mi niñez descubrí que la zona donde me ocultaba de terribles amenazas e insultos para mi edad en aquel momento, había desaparecido, mi único refugio ya no existía y yo había perdido la esperanza de tranquilidad y felicidad para siempre. pues me pasaba allí todas mis malditas horas, no podía hacer nada, solo esperar a que me trajeran de vueltas a mis cuatro claras paredes de seguridad y confort. Ese día decidí que podría intentar encontrar otro lugar donde perderme y no ser encontrada, pero inocente de mi, ya me habían calado, ya me conocían y ya era tarde para huir de lo que el destino me deparaba. Encontré otro lugar muy parecido al anterior pero algo menos oculto y decidí que no necesitaba buscar más pues¿Para que molestar a la niña de la maleza? Para mi desgracia nadie pensaba así solo yo e incuantito todos esos demonios me vieron no hicieron más que burlarse de mi, de mis esfuerzos por aprender de pequeña. Esos horribles demonios consiguieron que con apenas 12 años me escapase y corriese hasta encontrar a la única persona capaz de ayudarme, mi madre.

Yo ya sabía donde estaba, pero ella no sabía donde estaba yo pues nadie se molesto en buscarme ni en avisarla de lo sucedido. En mi largo trayecto vi muchas cosas, y todas eran desconocidas y me inspiraban un terrible miedo, menos una que conocía desde infante y donde sabía que podía estar segura, hablo de la iglesia donde años antes había hecho mi primera comunión, ese día al entrar allí sentí una protección indescriptible sobre mi y sobre mi ser, sentí mi alma limpia y que todavía había escapatoria, no sé si fue el barullo de la gente rezando, la iluminación, el cura leyendo o la preciosa obra arquitectónica que es en sí una iglesia, pero allí pedí indicaciones para mi destino final y en apenas 10 minutos encontré a mi creadora y salvadora, a la cual le conté todo, y como yo ya sabía ella no podía hacer nada, así que cogí la costumbre de visitar aquella iglesia todas las veces que me sentía perdida, es decir que me había escapado de casa de mi abuela por no aguantar más y necesitar paz interior y luego en apenas diez minutos estaba a salvo de nuevo.

Hoy he recordado todas esas cosas y me han vuelto a traer ese sentimiento que tenía de niña de desconfianza y miedo a ese lugar, yo apenas recordaba nada de esto, y no quería pero por fortuna o desgracia sigue en mi memoria y algo me dice que no lo voy a olvidar.

Intentad nunca perder vuestro propio camino, encontrad vuestra forma de caminar y expresaros, aprended a escapar de los problemas como yo de ese pequeño infierno y encontrad lo que a vosotros os haga sentir que podéis seguir a pesar de todo. Todo se puede aunque haya que dedicarle todo una vida. ¡Suerte!

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